viernes, 22 de abril de 2011

Suena "allí donde solíamos gritar", no estás a tres milímetros y medio de mi (la distancia estándar para respirar con normalidad) y está empezando a llover.
Te echo de menos, echo de menos que susurres ¿a que no sabes donde he vuelto hoy? en mi nuca y que sin que te des cuenta vuelvan a mi estómago las mariposas de los atardeceres de mayo, comprimidas en ciento sesenta caracteres. Echo de menos tus manos en mi cintura, intentando hacerme cosquillas, aunque soy una rival fácil y pierdo el asalto en menos de cinco segundos. Echo de menos tus siempre cálidos labios, y quedarme pegada a ellos cual polilla a una bombilla. Echo de menos acariciar tus manos. Echo de menos que enredes tus manos en mi pelo. Echo de menos amanecer entre tus brazos, abrir muy muy despacio los ojos y poco a poco ir imaginándote a la vez que me susurras el buenos días, princesa más tierno del mundo e irremediablemente enamorarme de ti, como cada mañana. Echo de menos darme cuenta de que estás sonriendo mientras te beso, (te lo he dicho alguna vez) es la sensación más genial del mundo. Echo de menos esas tardes de peli y manta en el sillón, mientras ahí fuera el mundo se desintegra. Echo de menos que me hagas cosquillas con tus pestañas al besarme. Echo de menos los abrazos de koala, los besos de esquimal y las sonrisas de elefante. Echo de menos que mi almohada no huela a ti. Echo de menos echarte de menos...

Te voy a decir algo, pero no se lo puedes contar a nadie. Te echo de menos con cada célula de mi cuerpo, tengo un cráter (que digo, ¡un agujero negro!) en la cavidad torácica - dice que no quiere bailar más sin tu tic-tac acelerao', solo tu sabes bailar sin pisarme los pies - Será nuestro pequeño secreto.

domingo, 27 de marzo de 2011



"Sus fuertes brazos le ofrecen un refugio seguro. Ella no lo esquiva. Su sonrisa se asoma en aquella luz nocturna. Sus ojos azules, rebosantes de amor, lo miran divertidos. Él se inclina sobre ella lentamente y, estrechando su abrazo, la besa.
Labios suaves y cálidos, frescos y salados, acariciados por el viento del mar."

Me he permitido el derecho de robarle este cachito de libro a Moccia, esperemos que se lo tome como un halago y aunque tus ojos no son azules, creo que es lo más cercano que podría llegar a describir como me he sentido estos dos días. ¿Sabes? Creo que ha sido el fin de semana más feliz de toda mi vida.

miércoles, 23 de marzo de 2011

We don't remember days, we remember moments. Where is the love? I think I love you a little bit more every day. I like the way our hands fit together. The sound of your voice calling my name or the feeling of your breath nearly kissing my neck. I miss your random texts. I look at you and I'm home.

lunes, 7 de marzo de 2011



Estoy convencida de que cada mañana estoy un poco más enamorada de ti.

Creo que jamás serás capaz de comprender -ni yo de plasmar- la magnitud de lo que he aprendido compartiendo mi vida contigo. Me has enseñado a amarme un poquito más, que nunca viene mal, a creer en mi misma y a levantarme todas las mañanas pensando que soy un ser divino, o el rey del mundo, pero la historia de hoy no habla de mi, sino de ti.
Me gusta que seas tímido y que cuando nos escurrimos por el pasillo me agarres la mano muy fuerte y te escondas detrás de mi sin decir ni mu y poder notar tu respiración en mi nuca. Me gustan los besos de ascensor, los de buenos días y con sabor a chocolate, sí, soy muy exquisita ¿eh? Me gusta que tengas esas memoria de elefante, aunque pasen los días tu no olvidas ningún matiz ni dejas escapar ningún detalle y eso es admirable para alguien con memoria de pez como yo.
Me has enseñado a creer en el destino, una soleada tarde de mayo, por ejemplo, cuando menos te lo esperas, el detalle más insignificante puede desencadenar la tercera guerra mundial.
El final de un camino es solo el principio del siguiente, ya lo decía Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar y lo único de relevante importancia es la persona que eliges para caminar contigo.
Juntos hemos descubierto que hay que fabricar buenos momentos porque los malos suelen llegar solos. Pero poco a poco hemos aprendido a pintar sonrisas en la boca del otro, y aunque ahí fuera el mundo se esté cayendo, nosotros jugamos a ser magos. Nos metemos bajo mis sábanas, recitamos las palabras mágicas que solo nosotros sabemos y pataplaf! En cuestión de segundos lo hacemos desaparecer.
Me gusta que me hayas hecho un poquito más valiente, sí, yo. Ahora mismo estarás pensando "esta chica esta loca, primero me llama tímido y ahora dice que gracias a mi es valiente...". Pues sí. Me has dado la fuerza, el apoyo, llámalo equis que necesitaba para despegar. Ahora vuelo sin alas sobre una superficie trazada con rotulador rojo sobre una servilleta que une tu vida con la mía. ¿Ahora o nunca?
La vida no te espera, por mucho que te pases la tarde quitando pilas a todos los relojes de la casa, o sigues el ritmo que te dicta, o te pisa y aplasta.
Como te he dicho muchas veces, te conocí - bueno, o invadí un poco a lo loco tu vida - en un momento raro de mi vida, no tenía nada que perder y decidí arriesgarme, como quien decide perder los papeles una tarde de febrero.
Desde que nos conocemos creo que te he odiado más que querido, he odiado no poder salir a comer palomitas contigo una tarde cualquiera de biblioteca en abril, he odiado no poder compartir paseos y risas hasta las mil, he odiado a tu cama que te acaparaba solo a ti, he odiado a todas y cada una de las personas que te rodeaban porque te veían a diario, hasta he llegado a odiar el aire que respirabas, él podía tocarte y yo no.
No tengo ni idea de lo que tenía intención de escribir, porque como todo, se me va de las manos, y vuela alto, muy alto, atrabesando -sí, con be- el cielo, las nubes, el sistema solar iluminándote a ti y todo lo que te rodea. Los rayos de sol a las siete de la tarde tienen algo mágico.


¿Sabes que son necesarios más de cuarenta músculos para arrugar la frente y enfadarse pero solo quince para sonreír?

lunes, 21 de febrero de 2011




¿Sabes? Hay quien pierde los papeles al azar, un día cualquiera del calendario, otros se dejan hasta el amor propio y ajeno bajo la almohada. Unos pierden la cabeza, y otros abandonan el corazón en cualquier esquina cerca del bar más próximo. Hay que gente que prefiere salir con los ojos vendados al mundo y dejarse sorprender, y quien deja caer la sinceridad como por accidente una noche cualquiera en el banco de siempre. Hay amistades que se cuelan por el agujero del bolsillo, y quienes pisotean sonrisas en las aceras, sin apreciar su valor. Hay gente que prefiere olvidarse de que tiene neuronas, y hay quien, como nosotros, decide perder el miedo, y superar cuanto venga, pase lo que pase.

domingo, 20 de febrero de 2011



Te voy a contar un secreto. Había pensado en escribirte una carta, una de amor, pero con los tiempos que corren y el aire que hace ahí fuera... ¡Es de locos! Me pondría nerviosa y la carta se me escurriría de las manos, como resbalan las pequeñas gotas de agua en el cristal, sin saber de donde va ni a donde viene, siendo de todos y de nadie a la vez. Inundaría tus pestañas, derrumbando muros, mojando la lluvia, llegando a sitios inimaginables y hoy no tengo ganas de viajar. Vivimos en un mundo en el que es obligatorio mirar al cielo cada mañana y sonreír. Sonreír porque ahí fuera tenemos el mundo, bajo nuestros pies. Sonreír porque en realidad no tienes ningún motivo para no hacerlo. Sonreír porque cuando me miras, te apoderas de mis pupilas y me siento capaz de dominar el mundo, o por lo menos tengo la fuerza suficiente como para guiarte hasta bajo mis sábanas, que siguen oliendo a ti. Sonreír porque adoro encontrarme post-it tuyos en cualquier rincón de mi habitación. Sonreír porque poco a poco y sin darme cuenta, me he convertido en la banda sonora de tu vida. Sonreír porque sí, porque odio dar explicaciones.