domingo, 27 de marzo de 2011
"Sus fuertes brazos le ofrecen un refugio seguro. Ella no lo esquiva. Su sonrisa se asoma en aquella luz nocturna. Sus ojos azules, rebosantes de amor, lo miran divertidos. Él se inclina sobre ella lentamente y, estrechando su abrazo, la besa.
Labios suaves y cálidos, frescos y salados, acariciados por el viento del mar."
Me he permitido el derecho de robarle este cachito de libro a Moccia, esperemos que se lo tome como un halago y aunque tus ojos no son azules, creo que es lo más cercano que podría llegar a describir como me he sentido estos dos días. ¿Sabes? Creo que ha sido el fin de semana más feliz de toda mi vida.
miércoles, 23 de marzo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
Estoy convencida de que cada mañana estoy un poco más enamorada de ti.
Creo que jamás serás capaz de comprender -ni yo de plasmar- la magnitud de lo que he aprendido compartiendo mi vida contigo. Me has enseñado a amarme un poquito más, que nunca viene mal, a creer en mi misma y a levantarme todas las mañanas pensando que soy un ser divino, o el rey del mundo, pero la historia de hoy no habla de mi, sino de ti.
Me gusta que seas tímido y que cuando nos escurrimos por el pasillo me agarres la mano muy fuerte y te escondas detrás de mi sin decir ni mu y poder notar tu respiración en mi nuca. Me gustan los besos de ascensor, los de buenos días y con sabor a chocolate, sí, soy muy exquisita ¿eh? Me gusta que tengas esas memoria de elefante, aunque pasen los días tu no olvidas ningún matiz ni dejas escapar ningún detalle y eso es admirable para alguien con memoria de pez como yo.
Me has enseñado a creer en el destino, una soleada tarde de mayo, por ejemplo, cuando menos te lo esperas, el detalle más insignificante puede desencadenar la tercera guerra mundial.
El final de un camino es solo el principio del siguiente, ya lo decía Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar y lo único de relevante importancia es la persona que eliges para caminar contigo.
Juntos hemos descubierto que hay que fabricar buenos momentos porque los malos suelen llegar solos. Pero poco a poco hemos aprendido a pintar sonrisas en la boca del otro, y aunque ahí fuera el mundo se esté cayendo, nosotros jugamos a ser magos. Nos metemos bajo mis sábanas, recitamos las palabras mágicas que solo nosotros sabemos y pataplaf! En cuestión de segundos lo hacemos desaparecer.
Me gusta que me hayas hecho un poquito más valiente, sí, yo. Ahora mismo estarás pensando "esta chica esta loca, primero me llama tímido y ahora dice que gracias a mi es valiente...". Pues sí. Me has dado la fuerza, el apoyo, llámalo equis que necesitaba para despegar. Ahora vuelo sin alas sobre una superficie trazada con rotulador rojo sobre una servilleta que une tu vida con la mía. ¿Ahora o nunca?
La vida no te espera, por mucho que te pases la tarde quitando pilas a todos los relojes de la casa, o sigues el ritmo que te dicta, o te pisa y aplasta.
Como te he dicho muchas veces, te conocí - bueno, o invadí un poco a lo loco tu vida - en un momento raro de mi vida, no tenía nada que perder y decidí arriesgarme, como quien decide perder los papeles una tarde de febrero.
Desde que nos conocemos creo que te he odiado más que querido, he odiado no poder salir a comer palomitas contigo una tarde cualquiera de biblioteca en abril, he odiado no poder compartir paseos y risas hasta las mil, he odiado a tu cama que te acaparaba solo a ti, he odiado a todas y cada una de las personas que te rodeaban porque te veían a diario, hasta he llegado a odiar el aire que respirabas, él podía tocarte y yo no.
No tengo ni idea de lo que tenía intención de escribir, porque como todo, se me va de las manos, y vuela alto, muy alto, atrabesando -sí, con be- el cielo, las nubes, el sistema solar iluminándote a ti y todo lo que te rodea. Los rayos de sol a las siete de la tarde tienen algo mágico.
¿Sabes que son necesarios más de cuarenta músculos para arrugar la frente y enfadarse pero solo quince para sonreír?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
