lunes, 7 de marzo de 2011
Estoy convencida de que cada mañana estoy un poco más enamorada de ti.
Creo que jamás serás capaz de comprender -ni yo de plasmar- la magnitud de lo que he aprendido compartiendo mi vida contigo. Me has enseñado a amarme un poquito más, que nunca viene mal, a creer en mi misma y a levantarme todas las mañanas pensando que soy un ser divino, o el rey del mundo, pero la historia de hoy no habla de mi, sino de ti.
Me gusta que seas tímido y que cuando nos escurrimos por el pasillo me agarres la mano muy fuerte y te escondas detrás de mi sin decir ni mu y poder notar tu respiración en mi nuca. Me gustan los besos de ascensor, los de buenos días y con sabor a chocolate, sí, soy muy exquisita ¿eh? Me gusta que tengas esas memoria de elefante, aunque pasen los días tu no olvidas ningún matiz ni dejas escapar ningún detalle y eso es admirable para alguien con memoria de pez como yo.
Me has enseñado a creer en el destino, una soleada tarde de mayo, por ejemplo, cuando menos te lo esperas, el detalle más insignificante puede desencadenar la tercera guerra mundial.
El final de un camino es solo el principio del siguiente, ya lo decía Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar y lo único de relevante importancia es la persona que eliges para caminar contigo.
Juntos hemos descubierto que hay que fabricar buenos momentos porque los malos suelen llegar solos. Pero poco a poco hemos aprendido a pintar sonrisas en la boca del otro, y aunque ahí fuera el mundo se esté cayendo, nosotros jugamos a ser magos. Nos metemos bajo mis sábanas, recitamos las palabras mágicas que solo nosotros sabemos y pataplaf! En cuestión de segundos lo hacemos desaparecer.
Me gusta que me hayas hecho un poquito más valiente, sí, yo. Ahora mismo estarás pensando "esta chica esta loca, primero me llama tímido y ahora dice que gracias a mi es valiente...". Pues sí. Me has dado la fuerza, el apoyo, llámalo equis que necesitaba para despegar. Ahora vuelo sin alas sobre una superficie trazada con rotulador rojo sobre una servilleta que une tu vida con la mía. ¿Ahora o nunca?
La vida no te espera, por mucho que te pases la tarde quitando pilas a todos los relojes de la casa, o sigues el ritmo que te dicta, o te pisa y aplasta.
Como te he dicho muchas veces, te conocí - bueno, o invadí un poco a lo loco tu vida - en un momento raro de mi vida, no tenía nada que perder y decidí arriesgarme, como quien decide perder los papeles una tarde de febrero.
Desde que nos conocemos creo que te he odiado más que querido, he odiado no poder salir a comer palomitas contigo una tarde cualquiera de biblioteca en abril, he odiado no poder compartir paseos y risas hasta las mil, he odiado a tu cama que te acaparaba solo a ti, he odiado a todas y cada una de las personas que te rodeaban porque te veían a diario, hasta he llegado a odiar el aire que respirabas, él podía tocarte y yo no.
No tengo ni idea de lo que tenía intención de escribir, porque como todo, se me va de las manos, y vuela alto, muy alto, atrabesando -sí, con be- el cielo, las nubes, el sistema solar iluminándote a ti y todo lo que te rodea. Los rayos de sol a las siete de la tarde tienen algo mágico.
¿Sabes que son necesarios más de cuarenta músculos para arrugar la frente y enfadarse pero solo quince para sonreír?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Esos quince músculos de los que hablas están haciendo su función ahora mismo. No te miento y lo sabes si te digo que este año ha sido el año que más he sonreído y tú y yo sabemos que ha habido momentos malos y muy malos, pero a pesar de ello me quedo con los buenos, muy buenos y geniales, haya pasado lo que haya pasado siempre hemos vencido a los problemas y nos hemos repuesto y sobre todo en mi cara ha vuelto a aparecer esa sonrisa que creía que había perdido, los quince músculos no funcionaban a la vez y raras veces mostraban una sonrisa verdadera. Y la gran culpa de que esos músculos se hayan coordinado otra vez y aparezcan sonrisas sin querer y queriendo, la tienes tú. Por eso, te doy las gracias cada pocos días, por comprenderme, por ser así conmigo, sobre todo, por hacerme feliz.
ResponderEliminarEmpecé a leerlo medio de pie y tuve que sentarme y respirar fuerte, el corazón me iba a mil. Tenía las mismas sensaciones como cuando el texto de ¿Me enseñarás a volar? Cada línea que leía el corazón iba un poco más rápido y al final sin darme cuenta tenía una gran sonrisa en mi cara, llámala de tontorrón o de felicidad o ambas dos. Después de un rato lo he vuelto a leer y eran las mismas sensaciones, no sé. Sin duda es lo más bonito que me habían escrito, pero también estoy seguro que esto no será lo último y me sorprenderás dentro del tiempo que sea con algo más precioso que esto :)
PD: Un par de lágrimas hicieron una excursión por mis mejillas, era inevitable.
PD2: ME ENCANTAS!!!
TE QUIERO!!